Uno de los objetivos fundamentales de la crianza y del desarrollo es conseguir que el niño funcione autónomamente sin la continua supervisión de los adultos. Favorecer que se desenvuelva por sí solo e irle retirando paulatinamente los apoyos que dejan de ser imprescindibles constituye uno de los aspectos más arduos de la educación. Una táctica para prevenir la ansiedad por separación excesiva es fomentar la autonomía infantil. La sobreprotección perjudica al niño, aunque tranquilice a los padres.

El objetivo fundamental del tratamiento de la fobia y el rechazo escolar es conseguir que el niño asista a la escuela con normalidad y lo antes posible. Cuanto más falte a clase, más le costará y más se resentirá su rendimiento académico. Sin embargo, en ocasiones el miedo es tan intenso que podrá ser necesario faltar a clase durante algunos días, durante los cuales debemos trabajar en casa sobre las siguientes estrategias:

1° Elaboración de una jerarquía de afrontamiento

Se recomienda realizar un plan de exposición gradual a la separación, jerarquizando desde la forma de exposición que menos dificultad le genera al menor a la que le genere más ansiedad.

Se pueden considerar los siguientes criterios:

  • a) Duración de la separación.
  • b) Distancia de la figura de vinculación y/o del hogar.
  • c) Desvanecimiento de las señales de seguridad.

De esta manera, si trabajamos con el criterio de duración, iniciamos con tiempos de separación cortos y luego vamos incrementándolos; si trabajamos con el criterio de distancia, los padres al inicio estarán en una habitación contigua, posteriormente más alejados en la misma casa o escuela, luego fuera de casa y así sucesivamente; si trabajamos desvaneciendo las señales de seguridad.

2.° Selección de agentes anti-miedo

Los estados emocionales placenteros derivados de la relajación, el juego, el humor, etc., ayudan a combatir el miedo. Si le apasiona la música y se emociona escuchando las canciones de un grupo musical, se utiliza una grabación con la melodía preferida del niño.

3.° Práctica diaria

Se practica de acuerdo con el plan trazado. El niño escucha la música deseada con unos audífonos, mientras permanece separado de la madre durante el tiempo especificado en el correspondiente ítem de la jerarquía. Cada día las metas son más altas.

4.° Reforzamiento de las separaciones

Se felicita efusivamente y se recompensa con artículos o actividades muy deseados, como un apetitoso postre. También se puede usar la economía de fichas.

 

La norma para la fobia escolar es que la vuelta al colegio se realice tan rápido como sea posible y tan gradualmente como sea necesario. El planteamiento de la jerarquía al inicio de este problema es de arriba para abajo y no al revés (máximo tiempo de separación, máxima distancia de la figura de vinculación, mínimo apoyo de agentes anti-miedo). Si no se consigue avanzar, entonces se introducen nuevos pasos intermedios que amplíen el período de incorporación hasta alcanzar el objetivo.

Camino del colegio

Tras una ausencia escolar prolongada, el día del regreso a clase es crítico. Hay que preparar esa jornada y las siguientes con sumo cuidado, porque su balance final influye notablemente en el desarrollo del tratamiento.

El niño debe ir al colegio acompañado por una persona. El acompañante ideal es quien realiza de forma habitual esa labor, por lo común la madre o el padre. Si no es posible por razones de trabajo o por otros motivos, se aconseja otro familiar que mantenga una buena relación con el niño, como abuelos, tíos o padrinos. No es recomendable un hermano, excepto si es mayor y la diferencia de edad es notoria.

Una táctica acertada es utilizar dos acompañantes, uno adulto, que dirija y controle la situación, y otro infantil, amigo del niño, que disfrute yendo al colegio, para que desempeñe el papel de modelo valiente y le anime. Si el niño con fobia escolar muestra un comportamiento muy perturbador, por ejemplo se agarra con fuerza al semáforo, se arroja al suelo berreando, agrede al acompañante, etc., se recomienda la presencia de los dos padres.

Se sale de casa con más tiempo del ordinario. La tarea del acompañante es hacer que el trayecto resulte lo más agradable posible. Con sus palabras y con su comportamiento le indica al niño su firme disposición de alcanzar la meta fijada y no retroceder ante los obstáculos.

El acompañante adapta su actuación a la reacción infantil:

  • Si la conducta es cooperadora, por ejemplo, comentarios positivos sobre el colegio, responde con amabilidad, sonríe, besa al niño, le ofrece una golosina, etc.
  • Si la conducta es problemática, por ejemplo, quejas, protestas, amenazas, lloros, pataletas, etc., mantiene la calma e ignora el alboroto.

Sugerencias para el acompañante

  • Acciones recomendadas: Asociar escenas agradables con situaciones escolares: una excursión con el colegio, un campeonato deportivo ganado con la selección escolar, una fiesta de cumpleaños con compañeros de la escuela, etc.
  • Suscitar emociones positivas, como alegría, cariño u orgullo, que se contrapongan al miedo, rememorando instantes felices: la cabalgata de Reyes Magos, una visita al zoológico, una jornada en la feria o en un parque acuático, etc.
  • Emplear el humor: recordando películas de risa, contando chistes, relatando anécdotas graciosas, etc.
  • Proponer juegos: adivinanzas, concursos como acertar el color del próximo coche, palabras que empiecen por «a», etc.
  • Entonar melodías infantiles: cantar juntos villancicos, tararear un estribillo y que el niño Lo continúe, etc.
  • Narrar historietas: cuentos como el del sastrecillo valiente, aventuras en las que intervienen héroes, etc. Utilizar la comida: llevar alimentos favoritos del niño, particularmente golosinas de pequeño tamaño, como palomitas, pasas, frutos secos, y darle una cada vez que gane un juego, acierte una adivinanza, etc.

Acciones desaconsejadas

  • Ridiculizar: es inadecuado tomar el pelo, gastar bromas que pongan en evidencia al niño, llamarle cobarde, etc.
  • Reñir: las reprimendas verbales son ineficaces y, a veces, consiguen el efecto opuesto al prestar indebidamente atención al miedo.
  • Castigar: el castigo físico está totalmente contraindicado.
  • Moralizar: discursos sobre el valor, ejemplos moralizantes como «yo de pequeño iba contento al colegio» ponen en bandeja la contestación airada «pues ve tú, si tanto te gusta», «todo para ti, te lo regalo entero».
  • Persuadir: el miedo es emocional, no racional; pretender convencer o razonar no es útil, es inefectivo el recurso al argumento sobre la importancia de la escuela para el día de mañana.
  • Hablar sobre el problema durante el recorrido. Es contraproducente formular preguntas: “¿por qué no quieres ir al colegio?”, “¿cómo te encuentras?”.

Antes de llevar al niño al colegio se planifica cuidadosamente la situación, graduando el itinerario, enseñándole a relajarse, etc., de modo que el riesgo de fracaso sea mínimo. Si a pesar de los preparativos el comportamiento infantil durante el recorrido es desobediente y rebelde, conviene enseñar procedimientos de autocontrol al acompañante, como respiración lenta y profunda, frases tranquilizadoras, por ejemplo, «ten paciencia», «esto es pasajero», «lo estoy haciendo como hemos acordado con el psicólogo», para aumentar su confianza y dominio de la situación.

En el Aula

El recibimiento en el colegio es fundamental. El objetivo del primer día de clase después de un período de inasistencia es que se sienta lo más a gusto posible. El maestro le acoge con cariño. Le saluda al verle entrar. No le interroga acerca de las razones de su ausencia, ni menciona el problema, a menos que el niño lo comente. Al contrario, aparenta que no ha sucedido nada. Disimula como si el niño hubiera asistido a clase ininterrumpidamente. No le riñe por llegar tarde o por no terminar los deberes. Le permite que elija la actividad más agradable para él.

En los días sucesivos elabora un programa para promover y fortalecer cualquier avance por pequeño que sea. El plan consiste en:
Seleccionar las conductas a potenciar: llegar puntual, atender las explicaciones, copiar un texto, leer un párrafo, estudiar un tema, presentarse voluntario a dar la lección, conversar con los compañeros, jugar en el recreo, etc.

Elegir los reforzadores a entregar: es muy práctico utilizar conjuntos o colecciones, como un estuche con lápices de colores, goma de borrar, sacapuntas, regla, etc., que posibilitan numerosas estrategias. Para aumentar el aliciente, las actividades en el aula no se presentan como obligaciones, sino como privilegios. Repartir los cuadernos no es una tarea particularmente divertida, pero se puede convertir en apetecible si el profesor sortea el honor especial de ser el encargado de entregar el material escolar. Del mismo modo, el interés aumenta con la novedad de la recompensa, puesto que en la variedad está el gusto. Hay que tener en cuenta, sobre todo con los reforzadores materiales, que la privación aumenta el deseo y la saciedad lo debilita. Un juego de plumones es más apetecido por el escolar que carece de ellos que por otro que dispone de ellos.

Aplicar el programa: felicitarle efusivamente por las conductas escolares apropiadas y darle un objeto u otorgarle un privilegio.

En el tratamiento psicológico no hay que ofrecer más ayuda de la necesaria. Los apoyos artificiales hay que retirarlos al finalizar el plan terapéutico. Conceder más facilidades de las requeridas puede resultar perjudicial.

El niño con fobia escolar no disfruta de la escuela. Al contrario, se siente mal a causa del miedo. Por este motivo está recomendado un programa de reforzamiento positivo, pero, a medida que supera el miedo, se reintegra al juego con los compañeros y realiza con normalidad las actividades de clase, el plan se retira gradualmente para que no se repita el problema.

Si el niño da muestra de una angustia intensa en el aula solicitando regresar con sus figuras vinculares el profesor puede ensayar alguna técnica de relajación muscular, respiración diafragmática o imaginería mencionados más adelante. Se recomienda que no lo haga frente a sus compañeros de clase.

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