Una fobia infantil desaparece cuando el niño se sitúa en la situación temida y comprueba que realmente no sucede nada malo.

Las estrategias terapéuticas consisten en:

  • Preparar la situación temida para que provoque menos miedo.
  • Proporcionar ayudas externas para afrontar la situación temida.
  • Inducir cambios internos que ayuden a superar el miedo.
  • Fortalecer la conducta valerosa hasta lograr la extinción del miedo.

Antes de empezar el tratamiento se debe comprobar que no existe ninguna razón que justifique el temor infantil. En la fobia escolar se investiga si hay otros problemas que expliquen la reacción del niño, como compañeros que le peguen en el colegio o dificultades específicas que interfieren en su aprendizaje escolar.

¿Cómo se prepara la situación temida para que provoque menos miedo?

Hay dos formas de quitarles el miedo: poco a poco o de golpe y porrazo. Otro modo de rebajar el grado de miedo es modificar la forma de presentación de los estímulos fóbicos.

Elaborar jerarquías de miedos.

Es una lista de conductas de relación cada vez más estrecha con el objeto temido, ordenadas de menor a mayor intensidad de miedo generado. Se recaba en primer lugar entrevistándole y dicha información se contrasta con lo dicho por los padres, maestros, hermanos y otras personas allegadas y con los datos de la observación en situaciones naturales y artificiales.
Entregar una veintena de fichas en blanco para que anoten situaciones en las que experimentan diversos grados de miedo. En una esquina de la ficha pondrá con número el grado de miedo en una escala del 1 al 100.

¿Cómo se prepara la situación temida para que provoque menos miedo?

Al crear la jerarquía el terapeuta debe tener en cuenta la existencia de dos pautas opuestas de progreso terapéutico:

  • Principio rápido y final lento (al acercarse al objeto fóbico de forma progresiva)
  • Principio lento y final rápido (como en la angustia por separación)

Existen varias clases de jerarquías dependiendo del criterio con el que se realiza la graduación:

  1. Espaciales: distancias cada vez menores con el objeto fóbico o distancias cada vez mayores de las señales de seguridad. Los niños suelen preferir el acercamiento y el alejamiento activos, o sea, ser ellos quienes se acercan al objeto fóbico o se alejan de la protección porque tienen mayor sensación de control sobre la situación.
  2. Temporales: tiempos progresivamente mayores de permanencia en la situación fóbica o tiempos cada vez más próximo al acontecimiento temido.
  3. De intensidad: intensidades cada vez más fuertes del estímulo fóbico, por ejemplo los ruidos temidos.
  4. Temáticas: Aspectos cada vez más temidos de la situación evidenciados, por ejemplo, en los cuentos.
  5. Combinadas.

Imaginar situaciones temidas

Los niños se resisten a afrontar la situación temida, una opción es imaginarla. Se puede imaginar activa o pasivamente. Si alguien se implica emocionalmente en las imágenes, siente lo que está viendo, igual que ocurre en las pesadillas.

Escuchar o leer cuentos

Se introduce la situación fóbica a través del cuento.

La técnica de imágenes emotivas es una variante de la desensibilización sistemática para niños:

  1. Se le pide al niño que se siente, cierre los ojos y se imagine vívidamente el cuento que se le va a relatar.
  2. Se inicia la narración de una historieta de aventuras infantiles en la que intervenga un héroe valeroso elegido por el niño.
  3. El relato debe suscitar sentimientos positivos de autoafirmación, orgullo, afecto, alegría, que permitan superar el miedo.
  4. Cuando el niño se emociona escuchando, se intercala una escena ligeramente atemorizadora (primer nivel de la jerarquía) y se le indica que si tiene miedo haga una señal, como levantar la mano o llamar al héroe. En caso de que manifieste miedo, se vuelve al argumento de la historia y se repite el ítem varias veces hasta que informe de que ya no siente miedo.
  5. Se van introduciendo sucesivamente escenas (restantes ítems de la jerarquía) que produzcan más miedo hasta conseguir su completa eliminación.

La relajación

Sensaciones físicas desagradables son una gran parte de lo que sucede durante la angustia por separación ante la idea de quedarse solo o abandonado. Surgen junto con la sensación de pérdida del autocontrol, lo cual aumenta y prolonga la angustia en un círculo vicioso.
Una de las metas de la relajación es ayudar al niño o adolescente a manejar las manifestaciones físicas de la angustia ya que interrumpe el ciclo del miedo → tensión física → más miedo. Además, es una de las herramientas que aplicará por sí mismo para empoderarse y afrontar la separación o su anticipación en lugar de generar conductas que la eviten o recurrir al encuentro con los padres.

Se trata de una relajación progresiva en que van tensando y relajando diferentes grupos musculares. El chico lo realiza permaneciendo sentado o acostado de forma cómoda y con sus ojos cerrados. Se establecen intervalos de tiempo para tensar y relajar los músculos: 3 a 5 segundos para tensar y 5 para relajar. Las instrucciones pueden darse junto a él o mediante una grabación en que nos dirijamos a él por su nombre.

Comencemos invitándole a poner a un lado sus pensamientos y concentrarse en los ejercicios. Hay que hacerle hincapié en que va a ser un tiempo especial para él. Primero las manos: “pon las manos frente a ti formando puños, apriétalos fuertemente, sostén ahí toda la tensión, el enojo y el miedo, apriétalos con tus dedos…ahora relájalos, déjalos ir, ¿notas la diferencia de la sensación cuando tus manos se relajan?…”. Pueden repetir el ejercicio 2 ó 3 veces en cada grupo muscular. Hay chicos que pueden resistirse al inicio ante la idea de relajarse pues quizá lo asocien con pérdida de control, por lo que, en esos casos, tenemos que motivarlos indicándoles que, si sienten mucha dificultad en poner los pensamientos a un lado o relajarse, solo tienen que intentar hacerlo lo mejor posible y progresivamente tendrán un mejor desempeño.

En seguida los bíceps. Digámosle: “ahora, enséñame tus “conejos”, muéstrame qué tan fuerte eres, muéstrame que eres mucho más fuerte que la tensión y el miedo….ahora, relájate, deja que tus brazos caigan libremente y el miedo se vaya lejos….”. Ahora los hombros y la espalda: “empuja fuertemente tus hombros hacia atrás como si quisieras que se alcanzaran el uno al otro en la espalda, siente como se aprietan fuertemente….ahora relájalos, se siente mucho mejor ¿verdad?...”. Los chicos perfeccionistas probablemente no se sientan satisfechos con su desempeño, por lo que hay que concientizarlos de que no se trata de ser los mejores del mundo sino de realizar los ejercicios lo mejor que puedan. Quizá lo difícil será sentirse bien a pesar de que las cosas no salgan como ellos esperan, sin embargo, la perfección llega de poco en poco con la práctica.

Ahora la boca: “presiona tus labios un con el otro, fuertemente, mantenlos así, bien…ahora relájalos, solo deja libre tu boca…”, la frente: “levanta tus cejas, toda la tensión, todo el enojo, todo el miedo mantenlos en tu frente…ahora relájala, deja caer libremente tus cejas, deja que se vaya ese miedo…”, y por último el abdomen: “endurece fuertemente tu estómago, como una piedra, mantenlo así…ahora relájalo, se siente mejor así…”. La tensión-relajación del abdomen es especialmente útil en niños o adolescentes con miedo intenso de padecer algún problema físico.

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